Nadie la construyó. Nadie es su dueño.
Pero cada luna llena, la luz se enciende.
En lo profundo del bosque, al borde del recinto, la cabaña siempre ha estado ahí — pudriéndose, esperando, respirando.
Quienes pasan cerca la escuchan. Música. Risas. El olor de algo que arde.
Dicen que los que entran no salen igual.
Dicen que algunos no salen en absoluto.
Esta noche la luna está llena. La puerta está abierta.
Y te observa acercarte.
